A raíz de que me despidieron de Servicientro Llantero, el señor: Montemayor ordeno que se me hiciera una revisión en todos mis clientes con la intención de verificar si algo “anormal” existía, como por ejemplo, algún fraude o algo parecido. Lo cual no aconteció así, ya que el señor: Bedoy, que me acompaño, al checar a cada uno de ellos encontró absoluta limpieza en mis operaciones comerciales. Y entonces la empresa procedió a pagarme mi liquidación en los amplios términos de La Ley Federal del Trabajo, si más no recuerdo recibí cerca de treinta mil pesos, de aquellos “pesos.” Que haría con ese dinero…? fue una de mis mas sonadas preguntas, por lo pronto decidí pagar algunos gastos de la casa, entre ellos la renta y otros mas.
En la Facultad de Derecho cursaba ya el quinto grado, (Ultimo) de inmediato me nació la idea de poner un despacho Jurídico, se lo comente a Ángel Gomez, así como a mis compañeros: Fernando Hernández Hernández, Rene Gamez Araujo, y Esteban Contreras Acosta, quienes de inmediato se emocionaron con la idea, pero….? No tenían dinero. Fue entonces cuando decidí parar ese proyecto, toda vez de que la pretendida sociedad que quizás se formaría, carecía de equidad económica.
Había concebido otra gran idea.,, Pondría una llantera, con servicios de venta de llantas nuevas y vitalizadas, montaje de llantas, alineación y balanceo, entre otros, “pero…””” siempre este obstáculo, se requería de un nuevo socio, que le interesara el negocio, y sobre todo que tuviera el capital para emprenderlo. Fui a hablar con mi tío Rene Ríos, hermano de mi mama, y quien en esos tiempos ya disponía de capital, como antecedente había trabajado para Banamex como ejecutivo, y luego para una empresa muy fuerte en la venta de productos para la pesca, después se independizo y puso su propio negocio con ese giro, y en esa época ya lo tenia. Al comentarle el proyecto de inmediato se intereso, habría que buscar un buen local, y un cuestionamiento importante era,,: “Donde compraríamos las llantas nuevas” sobre todo quien nos daría una línea de crédito para ello. Pensé en regresar con el señor; Montemayor, en que mente cabía, regresar con la persona que precisamente me había despedido de mi trabajo, sin embargo era una decisión, y quería cumplirla, se la comente a mi tío Rene y estuvo de acuerdo, fuimos juntos a la oficina de Monteyamor, al recibirnos cual seria mi gran sorpresa que de inmediato me dijo: “Pásele Licenciado.” El ya sabía que estudiaba Derecho, sin embargo nunca me lo reprocho, porque obviamente le cumplía con las cuotas de ventas. Una vez que nos sentamos mi tío y el de la voz, procedimos a explicarle nuestra visita, y luego asentó; “que bueno que va a poner un negocio propio, UD no nació para ser empleado.” Nos pidió un bien inmueble que respondiera para la obtención del crédito, mi tío le dijo que tenía su casa propia y esa seria. Habiendo estado de acuerdo con todo el señor, Montemayor, fijamos fecha para regresar, a celebrar el convenio respectivo.
Procedí a buscar el local, por razones del domicilio de mis mejores clientes, tendría que ser en el área del mercado de Abastos, fue así como localice uno por la avenida “Las Torres” hoy Lázaro Cárdenas, cerca del mercado, era muy grande tendría un fondo de aproximadamente unos 40 metros, por unos 15 de frente. Localice al dueño, era el concesionario de Chevrolet, en el centro de la ciudad, al preguntarle por teléfono cuanto rentaba, me dijo que; diez mil pesos, nos pareció a mi tío y al que escribe, que era demasiado caro (En aquella época) tendríamos que encontrar un nuevo socio, cuya actividad fuera compatible con la nuestra, indagando aquí y allá, y justo frente de ese terreno, se encontraba un tallercito pequeñito, solo era un cuarto, decía; “Kate” auto eléctrico, sin duda era lo que requeríamos compaginaba con nuestro proyecto.
Me entreviste con el señor: Mondragón, quien era el dueño, casualmente era de Cihuatlan Jalisco, la tierra de mi madre, y conocía Unión de Tula. Todo marchaba muy bien, había nacido, una muy buena amistad, ya que compartíamos semejantes añoranzas. Presuroso acepto el proyecto, el vendería acumuladores, y servicios de mantenimiento eléctrico en autos y camiones, nada mas ideal, quizás también algunos de sus clientes requerirían llantas, o bien alineación y balanceo, o viceversa. Me comento que ya había visto ese local, pero también esperaba la oportunidad de algún socio, de hecho estaba naciendo una Sociedad entre nosotros.
Habría que buscar el equipo de alineación y balanceo, que mejor que en las; “nueve esquinas,” en donde había talleres que podían hacerlo, y de esa manera evitar comprarlo a alguna empresa, y pagar por la marca, cuando al fin y al cabo la utilidad seria la misma, a menor costo.
Habíamos hecho cita, en Chevrolet con el dueño del mencionado local, y fuimos los tres, Mondragón, mi tío Rene, y el que suscribe, el contrato de arrendamiento ya estaba elaborado, al momento de que se nos dio para leerlo, nos disponíamos a firmarlo, cuando mi tío Rene, como si estuviese leyendo con “lupa” encontró una diminuta cláusula, que digo diminuta, “microscópica” que decía algo así como; “que en caso de aumentos en la divisa Norte Americana, la renta del local, se aumentaría en la forma proporcional, en que esa moneda aumentara.” Lo cual alarmo de inmediato a mi tío, ya que el dólar, constantemente (En esa época) aumentaba, en relación con nuestra moneda, “el peso.” Mi tío le expuso al señor; Álvarez, (Si mas no recuerdo ese era su apellido) que considerara esa cláusula y la suprimiera del contrato. Quedo de resolver al día siguiente, puesto que lo consultaría con su contador, llegado ese día negó la petición. (Tal pareciera que a toda costa querían lucrar indebidamente con notros, o sino, con cualquier otro inquilino que llegara)
Fue así como no se firmo dicho contrato, y el ánimo en mi tío, y el mió propio decayó, y se fue enfriando al grado, de que llegamos al punto de renunciar al dicho negocio. Así terminaba sin empezar aun, mi proyecto de ser empresario, con un negocio propio.
Conforme pasaba el tiempo, mi pequeño capital mermaba, tenia forzosamente que invertirlo en algún negocio, y entonces retome la idea de montar el despacho jurídico, volví a invitar a mis “seleccionados socios” (No había pensado en otros) con ellos era con los que guardaba mas amistad, de inmediato accedieron, ya no me importaba si contaban con capital para ello, o no, había pensado que en ese caso les prestaría, y podría recuperar mi inversión, y así sucedió. Compre mobiliario y considere con el consentimiento de ellos, que los gastos se repartirían, para que cada uno en la parte proporcional que les tocara, me fuera pagando a plazos.
Encontré una oficina en el edificio “Barreto” en la Avenida Juárez 315, me rento su administrador le decíamos: “Trivilin” era abogado, y el costo de la renta era de; trescientos pesos, teníamos el privado marcado con el numero 306. Este edificio pertenecía a la señora: Celia Mooldom Vda. de Barreto, quien además de otras propiedades tenia (O tiene) el estacionamiento “Mulbar” (Corona y López Cotilla) siendo además la madre del ingeniero que victimo al “Centavo Muciño.” (En aquel bar por avenida las Americas) estrella goleadora de las “chivas” en los setentas.
Había puesto mi primer despacho jurídico, era muy sencillo, tenía una salita recepción, y su escrito secretarial, y un privado con vista a la avenida Juárez, con un escritorio ejecutivo, su sillón, un archivero, y una maquinita portátil de escribir, en la compra de todo, había invertido aproximadamente, seis mil pesos.
Abrimos la oficina, de inmediato conseguí una señorita que nos sirviera de secretaria-recepcionista, le pagaríamos, cien pesos a la semana.
La interrogante que flotaba en mi mente en esos momentos era; “donde conseguiría, clientes,…”
Continuara..
Lic. Herman Rene Real
Contacto: recuperacionexpres@gmail.com






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